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miércoles, 10 de julio de 2019

En La Mente del Bodyhooper (Parte 1 de 2)

No puedo decir cuando comenzó el tormento. Si puedo decir quien lo causó. Fue Artai el bodyhopper.
Nunca pensé que tener una vida feliz podría causarme tanto dolor y desdicha. Tenía una maravillosa esposa y una hija tan preciosa que me pasaba las horas admirándola. Y debió serlo porque atrajo la atención y la envidia del ser mas malvado de este planeta.
Una noche cuando volvía del trabajo, noté como el aire se volvía pestilente y de repente, me rodeó una nube de gas negro. No sabía de donde había salido, pero sentí como poco a poco se iba filtrando por todos los poros de mi piel. No comprendí lo que pasaba hasta que una voz atronó en mi cerebro. “Soy Artai y a partir de ahora voy a vivir en tu cuerpo, si prometes no molestarme, te lo devolveré sin amputaciones físicas y sin causar daño a la gente que te rodea” Intenté responder, pero fui incapaz de pronunciar su nombre. Mientras tanto, mi cuerpo sin mi control, se puso en pie, se acercó al cristal de un escaparate y mirando su reflejo se pasó una mano por la cara. “Bonita cara y un cuerpo fuerte” dijo admirativamente “Y una hija preciosa de 14 años que aún no conoce el sexo” dijo mientras tanto pasaba la lengua por sus labios con deseo.
Desesperado intenté controlar mi cuerpo, pero no obedecía a mis órdenes. Luego intenté expulsar al espíritu invasor, pero era como empujar al viento. No sabía lo que hacer, entonces me repitió “Si no me molestas prometo devolver tu cuerpo en buen estado de salud” Y me rendí, sentí que era inútil luchar y desconecté mis sentidos del cerebro de mi cuerpo.
Durante días, tal vez semanas, quizás meses, estuve en estado letárgico, como si hubiera estado en un sueño profundo. Y cuando desperté me encontraba en el infierno. Ya no estaba en mi cuerpo, pero seguía preso de Artai. No sabía en qué lugar ni en que parte, pero me encontraba preso de las locuras de este bodyhopper. Podía sentir lo que él sentía y ver lo que el veía, pero sobre todo sufría por la presencia de los espíritus atormentados que habían sido expulsados de los cuerpos que iba robando y a los que iba encerraba en mi prisión inmaterial para aumentar mi sufrimiento.
Pude sentir el horror y el delirio de las almas descarnadas que se hallaban perdidas en la misma celda donde me había encerrado Artai.
Pero este demonio me guardaba un horror aún mayor, que fue devolverme los sentidos. De pronto pude ver, escuchar, saborear, oler y palpar lo mismo que en esos momentos sentía Artai. Y la primera vez que pude ver la luz deseé tener manos para arrancarme los ojos. Podía ver lo que veía Altair y Altair estaba viendo a través de los ojos de mi hija. Podía ver como bajaba la mano de mi preciosa hijita entre sus piernas y sentí como se excitaba y se humedecía y noté el calor que me subía por la espina dorsal y el sudor de la frente. Pero no tenía cuerpo para sentir, simplemente saboreaba la pérdida de la inocencia de mi pobre hijita.
Mientras tanto las almas que me rodeaban flotaban en un espacio desquiciado, sin límites y sin fronteras, mientras chillaban de forma desquiciada pidiendo que llegara el fin y que alguien las destruyera. No iba a ser yo quien lo hiciera. El extraño dolor de mis acompañantes me servía de calmante para la desdicha que me transmitía mii hija.
Ese terrible demonio que era Artai se alimentaba de nuestra angustia y se deleitaba con nuestra desesperación y yo que estaba en contacto con su consciencia gozaba del mezquino placer que me causaba la desesperación de mi hija.

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