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lunes, 10 de junio de 2019

Pacto con un Cambiador de Cuerpos

 
Cuando contraté a Susana sabía que no contrataba a la prostituta más cara del país, estaba contratando al cambiador de cuerpos que hace años la había poseído.
Yo era un hombre viejo y cansado, pero había conseguido una gran fortuna en inversiones de riesgo, y había el momento de utilizarla para conseguir una nueva vida y un futuro mejor.
Sólo quedaban 30 minutos cuando Susana llegó. TIC, TAC, TIC, TAC

No perdí el tiempo y le dije que sabía que era un cambiador de cuerpos. Le conté que no sabía si su alma era la de un hombre o la de una mujer, pero que sabía que el cuerpo de Susana no era el suyo y que lo había robado años atrás.
Sólo quedaban 20 minutos, TIC, TAC, TIC, TAC
Le propuse a Susana que a cambio de su cuerpo le iba a dar un cuerpo viejo, pero inmensamente rico. Podría tener todos los caprichos que quisiera, comprar cualquier cosa que se le apeteciera y cuando quisiera podría usar su poder para conseguir otro cuerpo más sano y más joven.
Quedaban 15 minutos, TIC, TAC, TIC, TAC
Susana no parecía convencida, su cuerpo actual era demasiado bello y demasiado bueno para el sexo, no quería abandonarlo. Le serví una copa del champagne más caro de mi bodega y le prometí devolverle su cuerpo en el momento en que ella quisiera si se arrepentía del trato. Me sonrió con una mueca despectiva mientras bebía el champagne y me respondió que no.
El tiempo se acababa, solo 10 minutos TIC, TAC, TIC, TAC
Le ofrecí 2.000.000 de dólares por un cambio de una semana, para que ella pudiera comprobar que mi cuerpo, aunque viejo, estaba sano y sin problrmas físicas.
Susana se había dado cuenta de mi desesperación y volvió a negarse al trato.
El tiempo estaba casi finalizado, 5 minutos más y todo habría terminado TIC, TAC, TIC, TAC
Susana no quería pactar conmigo. No quería abandonar su maravilloso cuerpo. Estaba harta de la conversación y quería marcharse. Me pidió que la llevara de vuelta a la ciudad.  Con una mirada de tristeza le pedí que me acompañara a mi parking privado.
Era la ocasión para jugar mi última carta, una carta desperrada, pero que debería funcionar.
En la cochera estaba aparcado un Mercedes precioso, recién comprado. Le entregué una bolsa de regalo con las llaves del coche dentro. Es tuyo, es el pago por haber venido a escucharme. No te preocupes por mí, yo cambiaré de cuerpo con otra chica que será la nueva dueña de todas mis propiedades. Ella me miró sorprendida, no entendía que nadie pudiera hacer regalos tan lujosos sin dudarlo. Tan sólo alguien inmensamente rico y con dinero suficiente para comprar cualquier cosa que deseara podría permitírselo. Y ella iba a perder la ocasión de controlar ese dinero para comprarse un cuerpo aún mejor que el de Susana.
Cogió las llaves y subió al coche, lo arrancó y me miró sonriendo.
-          Acepto el cambio de cuerpo, ahora tú eres Susana. Puedes irte con el Mercedes.
De repente el mundo giró a mi alrededor. Se me cerraron los ojos y sentí como algo agarraba mi alma y la sacaba de mi cuerpo. Cuando pude abrir de nuevo los ojos me costó trabajo creer lo que estaba viendo. Las manos, las piernas y la chaqueta blanca de Susana las estaba vistiendo yo. Yo podía controlar el cuerpo de Susana. YO ERA SUSANA. Miré mi reflejo en el espejo retrovisor y le respondí.
-          No me marcho, el tiempo ha terminado. TIC, TAC, TIC, TAC
En ese momento mi antiguo cuerpo cayó al suelo revolcándose con las manos en el vientre mientras echaba por la boca una espuma roja que apestaba a sangre. Segundos después mi antiguo cuerpo había fallecido con el cambiador dentro
Estuvo cerca pensé. Yo había hecho mi fortuna con inversiones de riesgo. Y esta era otra inversión de riesgo, Cuando llegó Susana tomé una cápsula de cianuro enriquecido recubierta de una protección que se disolvía a los 30 minutos en el estómago. El riesgo era grande, pero el premio era inmenso. Una operación de riesgo con la que he ganado el cuerpo de Susana y no he perdido ninguna de mis propiedades.

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