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miércoles, 19 de junio de 2019

La Escritora de Captions - 3ª Parte de 3

Esta mañana desperté pensando en escribir la caption que finaliza esta serie, pero cuando abrí el ordenata me encontré que la caption ya estaba hecha. No recuerdo haberla hecho. Pero es una caption tan absurda y tan disparatada que sin duda es mía, voy a publicarla antes de que me olvide como se hace.

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El tipo que me había robado el cuerpo, ahora era una mujer bellísima, 28 años más joven, con un cerebro entrenado en la Universidad y, por si fuera poco, seguía teniendo los poderes de un bodyhopper. Y ese tipo me había amenazado porque me consideraba una amenaza para su nueva vida. No podía tomármelo en broma. Por lo tanto, decidí desaparecer, para que no pudiera encontrarme.
Pero no había servido, no importaba que el nuevo dueño de mi cuerpo no supiera donde me escondía, porque nada salía como yo quería. De alguna forma me estaba destrozando mi vida aún más de lo que me la había destrozado. Una mañana desperté y no podía recordar nada de mi infancia como Carmen Sanz, tampoco recordaba nada de la infancia de mi nuevo cuerpo. Como mi nuevo cuerpo es viejo, esa pérdida de memoria la achaqué a un cerebro mucho menos poderoso que él que había tenido en mi vida anterior. Pero apenas habían pasado algunas horas cuando olvide todo lo que había aprendido en el instituto y en la Universidad. Era incapaz de escribir sin faltas ortográficas, había perdido mis conocimientos de derecho y era incapaz de recordar a mis profes en el instituto y el nombre de mis compañeras de clase.
Estaba temblando, si eres incapaz de recordar lo que has aprendido y a las personas que deberías reconocer, entonces tu vida se convierte en nada, es como si nunca hubieras existido. Al día siguiente, cuando fui a pagar en el supermercado, me di cuenta que era incapaz de calcular el precio de la compra, había olvidado como se suma o se resta. Desesperada corrí a la comisaría de policía, pero fui incapaz de rellenar un simple formulario de denuncia. Llorando me marché de allí buscando a alguien que pudiera ayudarme. Intenté llamar por teléfono a los padres de Carmen Sanz, pero no recordaba su teléfono, ni su rostro, ni siquiera recordaba sus nombres. No me gustaba, pero intenté llamar a las hermanas del cuerpo que ahora poseía, pero tampoco podía recordar quienes eran.
Sólo me quedaba una solución y esa misma noche tomé un tren a Granada con la idea de encontrarme con “Carmen Sanz” y pedirle perdón y prometerle que jamás le molestaría si paraba de borrarme los recuerdos.
Apenas recordaba el camino, pero me reuní con ella en mi antigua casa. Me recibió muy seria y parecía enfadada. Sin duda alguna no quería pactar conmigo, pero yo necesitaba que yo necesitaba que se apiadara de mí. Me puse de rodillas ante ella y le besé los zapatos mientras le pedía que terminara el castigo, que ya me había hecho mucho daño y aunque pudiera volver a ser Carmen Sanz ya no quería porque no guardaba recuerdos de esa vida.
Con el mismo rostro insensible me miró a los ojos y me dijo. “Cuando cambié de cuerpo contigo conseguí algo que no esperaba. Yo era un personaje de ficción, alguien que solo existía en tu imaginación. Ahora soy un ser humano. Soy una escritora, una creadora y tú, que ahora tienes mi cuerpo, eres mi creación” No entendía lo que me decía, pero sentía que era verdad y un escalofrío me cruzó la espalda. “No sé si te das cuenta, pero sólo existes en mi imaginación. Tu vida son las captions que he escrito. Me basta con olvidarte para que dejes de existir. Y estoy olvidándote. He borrado las captions donde ibas al instituto y a la Universidad. También he eliminado las captions sobre tu infancia. Después borré las captions en las que escribes captions y ahora voy a borrar los archivos en los que me conoces” Entonces vi como pulsaba una tecla en el ordenador. Ya no sabía porque estaba allí, porque hablaba con esa señorita tan guapa y porqué parecía tan enfadada. “Ahora soy tu diosa, no puedes conocerme, pero yo puedo hacer que desaparezcas” Pulsó otra tecla y borró el blog de los servidores y el acceso de todos mis seguidores, de todos mis usuarios, de todos los que alguna vez habían leído las captions que yo había escrito.
Noté que ya no tenía cuerpo, nadie me conocía, nadie me recordaba. Tan sólo quedaba la minúscula sensación de que un día había existido en la mente de Carmen Sanz. Una sensación que seguramente desaparecería en unas pocas semanas, o días, u horas, tal vez en segundos…

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