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lunes, 3 de junio de 2019

Herencia de Brujas (2 de 2)


Pero no pudo encontrarme porque yo vivía en el palacio de las brujas donde la maldición me protegía. Esa maldición no me afectaba porque yo había nacido en el palacio, y la maldición no me impedía entrar porque yo había nacido allí y ni siquiera la magia te puede impedir entrar cuando ya estás dentro pero no dejaba pasar a los que me buscaban. Tampoco me afectaba la medición de los seres poderosos porque yo soy hombre y no tengo potencial mágico. Así estaba seguro, hasta que encontré el tarro donde Xania había escondido la cabeza de su antiguo cuerpo.


No necesitaba que me dijeran lo que eso suponía y lo que debía hacer. Allí estaban encerradas las memorias de la antigua reina del aquelarre. Saqué la cabeza del tarro. Le abrí la boca y la besé. Allí en su boca todavía quedaban algunas gotas de sangre del momento en que Xania mordió el brazo de su madre y le robó el cuerpo. Estaban secas y eran tan sólo polvo, pero eran bastantes para darme sabiduría y estrategia, porque la sangre es la vida y también el conocimiento. En ese momento supe lo que debía hacer y cómo hacerlo.
No había terminado el beso cuando entró Xantia. Me dijo que había sentido como se agitaba la magia por la liberación del espíritu de su madre, y eso significaba que había sido encontrado el frasco. Me contó que había matado a su madre de una forma cruel y ahora iba a matar a su hijo de una forma aún más cruel. Era tan poderosa que para hacerlo no necesitó ni acercarse. Con un simple gesto sentí como cientos de látigos invisibles me azotaban, pero era lo que esperaba, otro gesto y me arrancó las piernas. Me derrumbé en el suelo mientras sentía como se me escapaba la vida a chorros, pero era lo que esperaba, era lo que me había inspirado la sangre del frasco. Estaba casi muerto cuando sentí como me arrancaba los brazos del cuerpo. La vista se me había nublado, era incapaz de escuchar nada, pero sentí como Xania se arrodillaba a mi lado para beber mi sangre y robarme los conocimientos que la sangre de su madre me había dado. Era lo que esperaba y lo que deseaba, porque la sangre es el camino. Apenas había tomado unas gotas de mi sangre cuando supo lo que me había enseñado la antigua reina. La sangre es el camino, tanto de ida como de vuelta. Horrorizada se levantó e intentó abrirse la garganta para arrancar esas gotas de sangre de su garganta. Pero ya era muy tarde.
La sangre que había servido para que ella invadiera el cuerpo de su madre ahora servía para que yo invadiera el suyo. Mi alma viajaba en esas gotas de sangre hacia su estómago, su corazón y su cerebro. Y ella estaba tan asustada que no opuso resistencia. Me fue fácil expulsar esa alma corrupta del cuerpo que había sido de su madre, que entonces era suyo y que ahora era mío.
Y me puse en pie sobre los tacones de Xania. Nunca me había sentido tan vivo. Sentía como el poder se mezclaba con mi sangre en las venas. Me sentía capaz de mover montañas con un solo pestañeo y sabía que podía hacerlo. Ahora era la Reina del aquelarre, quizás el ser más poderoso que nunca haya existido. Me acerqué a la agonizante piltrafa que era mi antiguo cuerpo. Allí dentro estaba Xania, que había nacido como hombre e iba a morir como hombre.
-Piedad, me dijo. Y la tuve. Me bastó con tan solo desearlo para arrancar la cabeza de su cuello. La agarré por el pelo y la metí en el tarro donde una vez estuvo la cabeza de su madre.
Y la escondí en el mismo sitio donde Xania la había escondido y salí del palacio para comenzar mi nueva vida como la temida reina de las brujas. Todos me iban a odiar porque iba a beber la sangre de los que no me adoraran, iba a robar conocimiento, juventud y belleza e iba a vivir para siempre.
Sin duda la vida es maravillosa para un ser tan poderoso como yo.

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