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jueves, 23 de mayo de 2019

Pacto de Ultratumba (2 de 2)


Así que comencé a negociar y a proponer pactos. Cuando ya anochecía conseguimos llegar a un acuerdo. La anciana de negro nos avisó que los pactos entre vivos y muertos son sagrados y que se deben cumplir en este mundo y en el otro o se pagarían con tormento eterno en los dos mundos. Pero no había problemas, los dos estábamos de acuerdo.
Él debería detener y anular la venta de la empresa y poner a mi nombre el paquete mayoritario de las acciones. A cambio le facilitaría un cuerpo joven y sano donde encarnarse para poder vivir y le conseguiría todo cuanto necesitara el resto de su vida, sin importar lo que fuera y el precio que debiera pagar para lograrlo No me importaba el dinero que me costaran sus caprichos porque con este pacto podría pagarlo sobradamente.
Suponía que la mujer de negro era capaz de conseguir la transmigración de las almas y ella me lo certificó, me dijo que era capaz de lograr la Metempsicosis total si se pagaba una vida con una muerte y existía justicia al final del proceso y entendía que con este pacto se daban las condiciones.
A partir de entonces hicimos lo que nos iba proponiendo la vieja de negro. Con varias palas abrimos el agujero de la fosa donde estaba enterrado el señor Cayo hasta que quedó a la vista su caja de madera que ya daba muestras de corrupción y la abrimos. Apestaba terriblemente, nos tuvimos que tapar las narices para soportar el olor. Después, el sicario acercó hasta el agujero a la hija del señor Cayo y dándole una patada la arrojó encima del ataúd. Inmediatamente el fluido blanquecino que debería ser el espíritu del señor Cayo se proyectó ávidamente hacia su hija. Escuché quejidos de dolor y luego de sorpresa, maldiciones y finalmente no escuché nada, tan sólo el silencio. Apenas tuvimos que esperar cinco minutos hasta que vimos salir del agujero a la hija del señor Cayo. Llevaba las manos llenas de barro, la ropa destrozada y el pelo revuelto en una maraña informe. Pero se le veía en los ojos el brillo de la inteligencia y la fuerza de voluntad del señor Cayo. Intentó ponerse en pie, pero sus piernas no tenían fuerza para mantenerse rígidas y se desplomó sobre la arena. Se puso en cuclillas y gateando con pies y manos como si fuera una araña gigantesca se acercó a mí. “Has cumplido tu palabra y yo voy a cumplir la mía, por fortuna el cuerpo de mi hija tiene poder sobre las acciones de la empresa” saqué el móvil del bolsillo interior de mi chaqueta y se lo pasé. Vi como la mano temblorosa de la hija del señor Cayo marcaba el número de su representante legal y luego la escuché como daba órdenes claras y tajantes para interrumpir la venta de la empresa y para poner a mi nombre la completa propiedad y el control del paquete accionarial que hasta ese momento había sido de su propiedad. “Ya está hecho” me dijo mirándome fijamente a la cara.
“Podemos irnos” le respondí mientras hacía cuentas del dineral que me iban a costar los caprichos de una adolescente con la mente del hombre mas ambicioso que jamás había conocido. “Aún no” me respondió sin dejar de mirarme a los ojos “Prometiste que satisfacerías todas mis necesidades sin importar el precio que te costaran. Ahora tengo el cuerpo de mi hija, y como hija necesito un padre, que puedes ser tú, pero también soy padre y necesito ver sana a mi hija y ella necesita un nuevo cuerpo para vivir” “Así sea” respondió la vieja de negro y noté como mi alma abandonaba mi cuerpo y reptando por el barro se introducía en el agujero de la tumba del señor Cayo y allí se hacía uno con su cuerpo decapitado. Al mismo tiempo sentí como el alma de la hija del señor Cayo abandonaba este cuerpo en descomposición y partía acelerada hacia el mío. Durante unos segundos no noté nada hasta que sentí como los gusanos devoraban mi carne putrefacta y hedionda. Después sentí como arrojaban tierra sobre mi nuevo cuerpo y como poco a poco me enterraban para toda la eternidad.

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