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domingo, 19 de mayo de 2019

Mundos Paralelos (1 de 2)



¿Nunca has sentido que ya habías estado en un sitio al que acabas de llegar? ¿Has notado una simpatía especial por alguien que acabas de conocer? ¿No has tenido el presentimiento de que deberías hacer algo para que las cosas funcionaran de forma adecuada? La respuesta es “SI” Y es “SI” porque ya lo has hecho, aunque no lo recuerdes.
Porque todo eso lo hiciste en otra dimensión. En una dimensión donde el tiempo es diferente. Existen miles de millones de dimensiones, en una de ella nos toca el mayor bote de la historia de la lotería, en otra dimensión nuestros padres no se conocen y no llegamos a existir y también hay otra en la que nacemos siendo del sexo opuesto. A esa era a la que quería acceder desde que tuve conciencia de que vivía en el cuerpo equivocado y que debería ser mamá en vez de papá. Pero la posibilidad de conseguir exactamente la que buscas es muy escasa y la que encontré era un poco diferente. En lugar de Pablo me llamaba Paula y en vez del papá era la hija, idéntica a mi propia hija. En ese mundo era la chica mas guapa del instituto, la mejor estudiante y la hija perfecta. Todo lo que deseaba y quería conseguir.
Desde que supe de la existencia de los mundos paralelos estuve investigando como acceder a ellos. ¿Sabías que Tesla, Napoleón o Hitler fueron viajeros Interdimensionales o que los mejores inversores en bolsa también lo son? Yo no aspiraba a tanto, simplemente quería vivir la vida de mi hija y tener una segunda oportunidad para ser feliz. No me entendáis mal, no quería robarle el cuerpo a mi hija, ella seguiría viviendo su vida perfecta en esta dimensión, mientras que yo sería su gemela en la paralela sin que ella nunca me llegara a ver y conocer.
Existe un medio perfecto para acceder a otras dimensiones que es tan común y tan simple como son los espejos. Cuando vemos nuestra imagen reflejada en un espejo, en realidad estamos viendo otra dimensión, la que existía una millonésima de segundo antes de verla. Pero yo había conseguido retrasar la velocidad de la luz al reflejarse en el espejo hasta tal punto que esta se convertía en un portal. Así se abría la puerta abierta la puerta a nuevos mundos y a que yo pudiera conseguir la vida que tanto deseaba. Pero existe una regla inmutable, y es que no no puedes acceder a otra dimensión donde ya existes anteriormente, dos iguales no pueden coexistir en el mismo tiempo y espacio. Por tanto, la forma de entrar a la dimensión paralela era viajando con mi alma y ocupando el cuerpo que debería tener en ese espacio.
Y así lo hice. Durante meses había preparado algunos de los motores mas potentes del planeta para que rotaran en sentido inverso y les había acoplado el más poderos acumulador de energía del mercado. Y los arranqué. Los motores crujieron como maderas podridas al girar al reverso y noté como aspiraban toda la fuerza vital de las cosas que me rodeaban. Sentí que fallecía cuando los motores consiguieron succionar el alma de mi cuerpo. Entonces pararon e introdujeron la energía en el gigantesco acumulador. Por medio de direccionadores láser apuntaron al espejo de diamante de mi laboratorio y volvieron a arrancar, esta vez expulsando la energía que habían acumulado. El espejo se iluminó marcando el camino a otra dimensión. Noté como mi alma volvía a viajar de nuevo atravesando el cristal de diamante del espejo y entrando en la dimensión alternativa. Como dije, no pueden existir dos versiones del mismo ser en un mismo universo. Así que el alma de Paula fue arrancada de su cuerpo y pude sentir como ella también cruzaba el cristal para ocupar mi cuerpo masculino en mi vieja dimensión.
De repente el viaje terminó y me pude sentir muy a gusto en mi nuevo cuerpo. Ahora me llamaba Paula, era rubia, inteligente y la hija perfecta.

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