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miércoles, 8 de mayo de 2019

Liberando al Fantasma de la Mansión

Hace muchos años, Emily había sido la señora de la mansión. Una mujer de una belleza asombrosa, que se casó por dinero con el duque de “El Río” El Duque siempre había dudado de la fidelidad de su esposa hasta que una tarde volvió de su partida de caza antes de lo esperado. Y encontró a su esposa follando con dos criados. Incapaz de soportar la ira cargó la escopeta de caza, apuntó a la cabeza de Emily y allí mismo mató de dos disparos a su esposa.


Desde entonces, el fantasma de Emily vaga por la casa en ruinas de la  que fuera la mansión de su esposo, y al caer la tarde aparece el espíritu de su esposo que carga la escopeta y le dispara en la cabeza por dos veces. Así ha sido durante décadas y así seguiría siendo si yo no lo evitara.
Soy un poderoso exorcista que puede liberar a los espíritus y hacer que vuelvan a su eterno reposo. Pero esta vez no quería hacerlo gratis, iba a hacer que Emily me lo pagara con la magia de los espíritus.
Te liberaré si cumples mi deseo, nunca más tendrás que vagar por esta casa en ruinas, le dije al fantasma. - ¿Qué quieres?, me respondió. Quiero que utilices la magia que te mantiene viva para transformar mi cuerpo en el de una mujer tan bella como tú.
-HECHO, respondió
Noté mi cuerpo mutarse en una copia del cuerpo que Emily tubo en vida. Me convertí en na belleza de piel pálida y cabellos oscuros. Con mis nuevos ojos pude ver como mi vestimenta se transformaba en la que Emily vistiera cuando la asesinaron.
-Has cumplido tu parte del trato, puedes irte, le dije. El espíritu de Emily cruzó la puerta de la mansión en ruinas y se marchó. Por los grandes ventanales pude ver cómo se alejaba… pero… pero… no era ella, era yo, era mi cuerpo. Desesperado intenté salir, perseguirla, pero no podía salir de la casa. Alguna maldición extraña me lo impedía.
De repente escuché un gran portazo, unos pasos que se acercaba y vi entrar al marido de Emily en mi habitación, llevaba la escopeta de caza, la abrió, la cargó y me apuntó a la cabeza…

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