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sábado, 18 de mayo de 2019

La Pistola

Cuando Carla nació sus padres supieron inmediatamente que era especial. Tenía el pelo rojo de su madre y su abuela y eso suponía que había heredado los poderes que tuvieron su madre cuando se convirtió en su padre y su abuela cuando se convirtió en la mujer mas bella del planeta. Carla podría cambiar una vez en la vida de cuerpo con la persona que deseara y ser quien ella quisiera y vivir la vida que deseara. Pero sólo podría hacerlo una vez porque el poder residía en su cuerpo y una vez intercambiado sería el nuevo poseedor del cuerpo de Carla el que podría buscar otra persona con la que cambiar.
Pero Carla no quería cambiar con nadie, no quería quedarse con el cuerpo de nadie. Y era algo que a mí me alegraba, porque yo la amaba intensamente y solo deseaba ser algún día su esposo en el cuerpo en el que nació y siendo la persona que siempre había sido. Sien embargo, ella no me amaba, todas sus atenciones eran para Joshua, un muchacho blanquecino y pequeñito que parecía influir de una extraña manera en los deseos de Carla.
Había trascurrido casi un año desde que Carla y Joshua eran novios de forma oficial, cuando este le contó a Carla la terrible noticia. Sufría de un cáncer terminal y apenas le quedaban semanas de vida. Joshua contó que había pasado muchos meses consultando con oncólogos y los mejores médicos y todos le habían dicho que no había solución que su muerte era inminente. Joshua se quedó mirando con sus ojos fríos casi transparentes a Carla y le dijo que sólo ella podía curar su enfermedad y que ella sabía cómo hacerlo. Supongo que la hipnotizó o borró su voluntad porque Carla inmediatamente usó su poder para cambiar de cuerpos con Joshua y así librarle de la muerte y ser ella la que falleciera en su lugar.
De esta charla me enteré al día siguiente, cuando el cuerpo de Joshua me lo contó llorando. Carla, en su nuevo cuerpo me dijo que Joshua la había engañado, que no sufría cáncer, tan sólo vómitos y mareos debido a una extraña enfermedad que aceleraba su capacidad mental al mismo tiempo que destruía su cerebro. Carla me pidió ayuda y me habló del poder que reside en su cuerpo y que ahora controlaba Joshua. Yo pensé que podía haber una solución a un engaño tan infame.
Cogí mi pistola y marché a la casa de Carla. Allí encontré su cuerpo vestido en las ropas más sexys de Carla y contando chistes verdes rodeada de un montón de admiradores boquiabiertos. La agarré de un brazo y la arrastré a su dormitorio. Le puse la pistola sobre la sien para que no se moviera y la até a la silla del tocador. No había terminado de atarla cuando entró Carla, en el cuerpo de Joshua, a la habitación. “Gracias a Dios, lo vas a hacer” me comentó. Moví la cabeza de forma afirmativa y metí el cañón de la pistola en la boca del nuevo cuerpo de Joshua.
“Si quieres a Carla, devuélvele su cuerpo. No puedes robarle su vida y si no se la devuelves yo te quitaré la tuya” Él se negó. Pero yo quité el seguro de la pistola y moví el pestillo del cargador. Pude ver el miedo en los preciosos ojos oscuros de Carla e inmediatamente comenzó a salir un vapor blanco por su boca y su nariz. Poco a poco, el vapor se fue aglutinando en lo que parecía una forma humana y la vi dirigirse hacía el cuerpo de Joshua.
Entonces disparé. Un tiro certero entre los ojos de Joshua. El cuerpo de Joshua cayó si vida al suelo. El vapor blanco empezó a girar de forma alocada. Ya no tenía poder para volver al cuerpo de Carla y tampoco podía entrar a su auténtico cuerpo que yacía con el cráneo destrozado en el suelo. Sólo le quedaba una solución para poder vivir. Y entró en mi cuerpo.
A pesar de las cuerdas que me sujetaban a la silla tengo que decir que me sentí a gusto en el cuerpo de carla. Era sano, fuerte, bello y con un gran poder. Estaba feliz, todo había funcionado como esperaba. Yo amaba a Carla por su cuerpo y ese cuerpo ahora era mío.
Pero la felicidad apenas me duró unos segundos, porque inmediatamente noté como mi antiguo cuerpo introducía el cañón de la pistola en la boca de Carla. En mi boca.

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