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jueves, 16 de mayo de 2019

La Feria (1ª Parte)

Es difícil ser el hermano menor cuando el mayor resulta que es una chica, y además la más hermosa de la ciudad, y además la preferida por tus padres. Y lo peor de todo, cuando tu hermana mayor presume de que puede conseguir cualquier cosa que desee y que esta vez desea fastidiar a su hermano menor.
No sé como lo consiguió, pero logró convencer a mis padres de que ella debía estrenar un nuevo vestido de faralaes para la feria, que no importaba el precio, y unos zapatos nuevos, y unos zarcillos nuevos, y collares y una sesión completa de peluquería y maquillaje profesional. Todo lo necesitaba y mis padres la creían y se lo pagaban, aunque eso significara gastar los ahorros de la familia. Aún recuerdo como mi madre con la voz, aparentemente, desencajada por el dolor me dijo que este año teníamos muchos más gastos y que no podían darme “paga extra” para ir a la feria, que debía conformarme con el dinero de todos los fines de semana. Pero, al mismo tiempo que me decía eso me guiñaba un ojo. Me pareció entender que me iba a dar algún dinerillo extra a escondidas y que no quería que mi hermana se enterara, porque ella estaba escuchando la charla y sonreía malignamente con satisfacción.
Me dolía mucho que mi hermana lo consiguiera todo y a mi tuvieran que darme una limosna a escondidas, pero no me importaba porque pensaba que podría disfrutar con mi amigo Silvio de una maravillosa semana de feria. Tenía poco dinero, pero no necesitaba mucho más, me bastaba con estar al lado de Silvio, que era mi mejor amigo, era mi compañero y aunque casi nadie lo sabía, Silvio era también mi amante. No me había atrevido a decírselo a mi familia, pero los dos nos amábamos. Era una relación casi imposible. Dos muchachos que se aman a escondidas y que siempre tendrían que ocultar sus sentimientos.
El primer día de feria llegó el mensajero con el vestido nuevo de mi hermana. Cuando vi la factura me llevé las manos a la cabeza, el precio era carísimo, más de cuatro veces el dinero que me iban a dar para la semana entera de feria. Poco después llegaron los zapatos y el resto de accesorios, todos ellos perfectamente embalados y en cajas de lujo. Y por último llegó mi hermana de la peluquería. Faltaban dos horas para que nos marcháramos al ferial y ella no las desperdició, se encerró en su habitación y las utilizó por completo en acicalarse y vestirse con sus nuevas ropas.  Esperé pacientemente a que terminara para poder macharnos y cuando terminó y salió a que la piropeáramos me dejó sin palabras, estaba incluso más bella de lo normal, era una mujer espectacular y estaba mas guapa que nunca. Me quedé embobado mirándola y pensando en lo feliz que sería yo si tuviera un cuerpo como el suyo para disfrutar con Silvio a mi lado. Cuando por fin llegamos al ferial mamá me dijo que mi hermana no se iba a quedar con nosotros iba a venir a recogerla su nuevo novio. Un sudor frío me mojó la espalda y me temí lo peor. En ese momento apareció Silvio con un ramo de rosas, se acercó a mi hermana y le dio un beso en la boca. Yo quería gritar, llorar, aunque me alegraba que Silvio no tuviera que esconder nunca más su amor porque ya no sería prohibido, pero sabía que iba a sufrir mucho por el egoísmo de mi hermana. Así que no hice nada cuando los vi cruzar la puerta en dirección al real de la feria.

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