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viernes, 10 de mayo de 2019

El Manipulador y el Ladrón de Cuerpos




Pierre tenía una de las mentes más poderosas que había conocido. Era un manipulador mental. Tan sólo con su voluntad y la fuerza de la palabra era capaz de lograr que cualquier persona hiciera lo que él deseaba.
Desde muy joven, Pierre se había usado sus habilidades haciéndose  millonario consiguiendo donaciones de gente normal que sorprendentemente le regalaban todas sus propiedades. Y aunque Pierre no era físicamente atractivo había conseguido tener sexo con las mujeres más guapas del país pero también se había acostado con los hombres más sexys desde el momento en que descubrió que era homosexual.
Fue entonces, desde el momento en que supo que le gustaban más los hombres que las mujeres cuando comenzó a buscarme. De alguna forma había sabido que yo era un cambiador de cuerpo, tenía la habilidad de intercambiar mi cuerpo con el de otra persona una vez al año.
Hacía varios años que vivía en el cuerpo de Alice. Era un cuerpo joven y bello y yo me había sentido a gusto viviendo la vida de Alice, aunque tenía activado mi poder para volver a intercambiar, no encontraba motivos para usarlo, me gustaba ser quien era, me gustaba ser Alice. Pero Pierre me encontró. Un día llamó a la puerta de mi casa y cuando la abrí me miro a los ojos y me dijo que me rogaba por favor que le dejara entrar. No pude resistirme, abrí la puerta de par en par y le di permiso para que entrara. Así lo hizo. Me pidió por favor una bebida y le serví un vaso de mi mejor vino. Luego me dijo que había llegado el momento de  que le permitiera, por favor, comprobar las capacidades de mi cuerpo para el sexo. Aun no entiendo el motivo, porque yo no quería, pero estuvimos follando durante varias horas. Al final, Pierre parecía bastante satisfecho con los resultados, me sonrió y me dijo que había llegado el momento de que él supiera lo que se siente al hacer el amor como mujer desde mi cuerpo. Me volvió a mirar a los ojos y me dijo que sabía que yo era un cambiador de cuerpo y que me imploraba por favor que los dos cambiáramos de cuerpo en ese momento. Intenté resistirme, no quería perder mi maravilloso cuerpo y mucho menos cambiarlo por uno tan obeso y horrendo como el de Pierre. Pero lo hice, sentía el temblor habitual de mi alma cuándo voy a cambiar de cuerpo. Pierre notó que estaba comenzando el intercambio y me dijo. Quiero que por favor me permitas sentirlo de una forma diferente. Agarró mi cabeza, la acercó a la suya y empezó a besarme. Tampoco pude hacer nada, noté su saliva en mi boca y como mi alma subía por mi garganta, pasaba por mi boca, entraba a la suya, bajaba por su garganta y de repente recuperé el control de mis músculos. Miré al frente y vi a mi propio cuerpo que estaba sopesando mis antiguos pechos e introduciendo un dedo en mi antiguo coño.
-          Es una sentimiento increíble, me dijo. Es maravilloso ser mujer y poder tener sensaciones como esta.
-          Lo sé, dije casi llorando.
Pero has cometido un error: me has dejado tu cuerpo con todos tus poderes. Ya no disfrutar el cuerpo de Alice como antes lo tenía, pero lo tendré de otra forma. A partir de ahora vas a ser mi esclava sexual, vas hacer todo lo que te diga y vas a cumplir todos mis deseos. Lo miré a los ojos y le dije que se pusiera de rodillas y me abriera la cremallera de mis pantalones.
Pierre, me miro sonriendo y me respondió “NO”.
-          - Tienes mi cuerpo y sus poderes, pero no sabes usarlos. Tendrás que aprender y eso te va a llevar años. Los años de vida que no vas a tener.

 El cuerpo de Alice es menos poderoso. pero yo sé usar los poderes de Pierre,  y voy a hacerlo. Me devolvió la mirada a los ojos y con una voz extraña, modulada de forma desconocida, me respondió.
-          Le pido a tu cuerpo que, por favor,  se ponga de rodillas.
No podía controlar mi nuevo cuerpo, se movía solo, no obedecía a mi voluntad y  caí de rodillas. Intentaba gritar pero no podía, intentaba llorar y tampoco podía.
-          Le pido a tu cuerpo que busque en el bolsillo derecho de tu chaqueta.
Noté como mi mano palpaba dentro del bolsillo.
-          Le pido a tu cuerpo que saque la navaja y la abra.
Con horror vi como mi mano sacaba una navaja de barbero del bolsillo de la chaqueta y lentamente la abría.
-          Le pido a tu cuerpo que acerque la navaja a tu cuello. Le pido a tu cuerpo que se corte la yugular.

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