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viernes, 10 de mayo de 2019

El Juego Extremo de un Cambiador de Cuerpos

 
Era un juego salvaje y mortal.  Y yo presumía de ser el mejor jugador que había existido, un juego tan sólo para cambiadores de cuerpo y para gente sin conciencia.
Cuando una persona tiene el poder de cambiar de cuerpo con el hombre o la mujer que desee, de vivir la vida que le apetezca o ser más viejo que la Historia. Cuando esa persona ha luchado en grandes batallas, ha matado, torturado y asesinado a sus enemigos y ha obligado a los hombres a postrarse ante él, entonces, todo resulta aburrido. Por eso, yo, jugaba a este juego.
Era un juego competitivo en el que debías demostrar que eres el mejor y el más poderoso “cambiador de cuerpos”. Las reglas eran simples, en la cima de un barranco nos reuníamos “tres cambiadores” en el cuerpo de nuestras montas. Las montas debían ser bellas y jóvenes. Nos abrazábamos y saltábamos desde lo alto del barranco. Tras saltar se produce una gran descarga de adrenalina, los sentidos se agudizan, las sensaciones son más intensas y durante unos segundos mágicos se puede convertir esa excitación física en placer sexual para nuestras compañeras, durante esos instantes debemos besarnos, hacer el amor, darnos placer y, lo más importante, ser el último que abandona el cuerpo de nuestra monta antes de que se estrellara contra el suelo. Al volver a nuestro cuerpo de origen decidimos quien había dado más placer a sus compañeras y quien había aguantado más tiempo en el cuerpo anfitrión y así nombramos vencedor.
Como decía, yo soy el mejor en este juego, nadie controla mejor que yo la excitación de los placeres extremos y nadie aguanta tanto rato, como yo, para abandonar el cuerpo de mi monta.
Pero aquel día tenía un reto superior a lo normal. Mis rivales eran dos “cambiadores de cuerpo” que nunca antes habían sido derrotados. Nos jugábamos el ser reconocidos como los mejores y eso era excitante.
Nos habíamos citado en el acantilado más alto de la provincia, algo más de 200 metros de altura y 7 segundos de caída libre hasta el mar. Yo había escogido el cuerpo de una rubia universitaria y me encontré agradablemente sorprendido por la elección de mis rivales. No sabía el nombre de sus montas, ni siquiera su edad, pero tan sólo con mirarlas sabía que sería fácil excitarme con sus cuerpos y sería fácil hacerlas disfrutar mientras caemos en el vacío.
Al borde del acantilado nos agarramos por los brazos para estar juntas y entonces salté. Inmediatamente noté como sus manos jugaban en mi coño, mientras yo estrujaba sus pechos e intentaba besar sus rajas. Llevaba dos segundos de caída cuando noté como la morena había encontrado el punto G de mi cuerpo. Olas de placer me inundaban. Llevábamos cuatro segundos de caída, y estaba disfrutando con las sensaciones que atravesaban mi cuerpo. Cinco segundos de caída, quedaban poco menos de dos segundos para que nuestros cuerpos se estrellaran contra el muro de agua. Intenté olvidarme de tanto placer extremo y me concentré en retornar a mi cuerpo. Sentí la vibración habitual del cambio de cuerpo, pero seguía cayendo, la mulata había cambiado su cuerpo con el mío, y yo seguía cayendo agarrada a mis dos rivales. De nuevo olas de placer cruzaban mi espina dorsal, esta vez causadas por la lengua de la rubia en mi nuevo coño de mulata. Tenía que hacer un último esfuerzo para escapar, el golpe contra el agua estaba a punto de producirse. De nuevo me concentré en volver a cambiar de cuerpo, pero otra vez era tarde, habían vuelto a intercambiar nuestros cuerpos antes de que pudiera escapar, ahora estaba en el cuerpo de la morena y ya era tarde para reaccionar.
Sufrí el choque brutal de mi cuerpo contra el mar. Sentí como se rompían mis huesos, como estallaban mis pulmones y como explotaba mi corazón. Pero no perdí la consciencia. Mi cuerpo destrozado y ensangrentado comenzó a hundirse en el agua y supe que iba a morir. Dentro del agua no podía expulsar mi alma e invadir otro cuerpo. Iba a morir ahogado entre inmensos dolores. Entonces escuché en mi cerebro la voz de mis competidores.
“Toda vida es sagrada y alguien con un gran poder como el tuyo debe ser responsable y respetar a los demás. No deberías haber jugado con la vida de nadie, porque siempre existe alguien más poderoso que tú y ese alguien también puede jugar con tu vida”
Mientras me hundía tuve ganas de llorar, pero no podía, ya no tenía ojos, quería pedir ayuda y abrí la boca y se llenó de agua….

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