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viernes, 10 de mayo de 2019

El Hacker




 
No entendía como había pasado. Había estado espiando a Marta durante meses. Sabía perfectamente cuando estaba conectada, desde dónde y con qué equipo lo hacía. Incluso había conseguido instalar en su pc el troyano del “cambio de cuerpo”
Siempre se había comentado que no existía ningún software capaz de dañar el hardware, yo lo había logrado hace años acelerando el ventilador del pc y forzando al procesador. Ahora tenía un nuevo reto, aprovechar las capacidades organoeléctricas de nuestro cerebro para hachearlo. Y no iba a utilizar un hardware al uso, iba a utilizar las capacidades de cálculo de mi propio cerebro para usarlo como un troyano que se introdujera en el cerebro de Marta, controlar su cuerpo y quedarme con su vida. Así que me dediqué a hacer ingeniería social hasta que logré que Marta instalara en su pc el servidor del troyano del “cambio de cuerpo”.
Me quedaba tan sólo conectar mi propio cerebro a la red y a la hora en que Marta accediera a Internet, hackear su cerebro por medio de señales lumínicas y sonoras. Y así lo hice.
Por mis investigaciones conocía que Marta conectaba con su pc a Internet todos los sábados a las 5:30 PM. Y a esa hora estaba conecté yo también.  Y cuando detecté que estaba activado el servidor del troyano instalado en el PC de Marta activé mi conexión neural.
Por un segundo noté como mi consciencia se convertía en datos, viajaba por la fibra óptica y rápidamente se asentaba en el hardware neural de su nuevo unidad operativa.
Abrí los ojos y comprobé que había tenido éxito en invadir un cuerpo a cientos de Kilómetros de distancia. Levanté mis nuevas manos y vi que eran pequeñas y estaban manejando un ratón. Levanté la vista y contemplé horrorizado que mi nuevo cuerpo, en el momento en que lo invadí, estaba jugando a vestir princesas Disney con trajes de color rosa. Una terrible equivocación había sucedido. No estaba en el cuerpo de Marta, estaba en el cuerpo de la sobrinita de Marta.
La muy idiota había dejado que su sobrina usara su portátil para jugar a estúpidos juegos online de niñas.
Inmediatamente intenté revertir los procesos y retornar a mi cuerpo. Pero no conseguía recordar cómo hacerlo. Tenía el cerebro de una niña de 8 años y no importaba que hubiera tenido conocimientos informáticos de más de 20 años de experiencia. En mi nuevo cerebro de tan sólo 8 años no era capaz de procesar y hacer funcional esos conocimientos.
Tan sólo me apetecía ponerle a mi muñeca esos zapatos tan bonitos y pintarle los ojos. Cada vez me cuesta mas trabajo recordar quien soy, debo darme prisa antes de que sea demasiado tarde-, Pero antes que nada debo ponerle ese sombrero tan bonito a mi muñeca….

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